Del desorden musical a encontrar un estilo propio.

Reportera: Diana Segura – fotos: cortesía de la agrupación
En México hay territorios donde la tradición parece sembrar talento y uno de ellos es Comala, Colima, conocido como el Pueblo Blanco, reconocido por su belleza y arraigo cultural y por ser semillero de músicos. Ahí surgen Los Arrallanes del Pueblo quienes por durante 15 años ha forjado su historia que refleja la constancia y el carácter de su tierra.
La agrupación nació el 20 de noviembre de 2008. En sus inicios, la alineación incluía clarinete y guitarra, en una propuesta que César Augusto Llerenas Fuentes, líder del grupo, describe como un “desorden musical”, más guiado por la pasión y el deseo de abrirse camino que por un estilo definido. Con el tiempo, el grupo evolucionó hacia el norteño-banda, aprendiendo a conectar con el público en una época en que la música se promovía principalmente en fiestas y en los carros, antes del auge de las redes sociales.

En sus primeros años caminaron por el movimiento alterado; sin embargo, a la llega de un tema romántico titulado Verdaderamente, se convirtió en himno de bodas y pedidas de mano. Desde entonces, su identidad se ha forjado en la dualidad: la fuerza de canciones de desamor como Bien Jodido y la sensibilidad de sus baladas, sin perder su esencia de rancho. En su búsqueda por mantenerse vigentes, también han incursionado en la cumbia.
Mantener viva la agrupación por más de una década ha implicado desafíos, especialmente consolidar una alineación estable y afrontar los sacrificios de la carretera. Llerenas reconoce que encontrar músicos que compartan ideales y compromiso ha sido uno de los mayores retos. Aun así, la conexión con el público compensa las ausencias familiares y el desgaste del oficio. Con la aspiración de alcanzar una solidez similar a la de Los Tigres del Norte, proyectan llevar su música al centro del país, con presentaciones en Puebla, Hidalgo, Querétaro y Michoacán.

Para Orlando López Bueno, voz principal, la clave está en la humildad: ofrecer al público respeto y entrega total en cada presentación. A las nuevas generaciones del regional mexicano les dejan un mensaje directo: “No se rajen”. Porque cuando el objetivo es claro y se trabaja con pasión y disciplina, hasta el mundo se pone de acuerdo para abrir paso.






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